Dra. Anna Cisteró Bahima

Dra. Anna Cisteró Bahima

publicado en Alergología

19 de Diciembre de 20112945 lecturasConocer más sobre el autor

Alergias e intolerancias: cuando los alimentos sientan mal

Determinados síntomas como diarreas, malestar general, dolores de cabeza y otros síntomas como náuseas, dolor torácico o abdominal sin explicación alguna aparente, pueden significar que se padece algún tipo de alergia o intolerancia a un alimento o grupo de alimentos. Detectarlos es fundamental para vivir mejor y, sobre todo, para evitar riesgos graves.

Alergias e intolerancias: cuando los alimentos sientan mal

Alergias alimentarias

Se calcula que, en todo el mundo, alrededor de un 3% de la población padece alguna alergia alimentaria. En cambio, las intolerancias afectan a más del 40% de la población. Las alergias son reacciones del sistema inmunológico (libera anticuerpos IgE) ante un determinado alimento, especialmente, leche de vaca y derivados, huevos, pescados, mariscos, algunas frutas (os cítricos (las cerezas, las grosellas, el kiwi y el melocotón, la papaya, entre los más habituales y entre los alimentos alergénicos más potentes) y frutos secos (nuez, avellana). Salvo en el caso de algunos niños, en los que muchas de estas alergias suelen resolverse hasta que se desarrollan por completo sus defensas (alrededor de los 3 años), la mayoría de estas alergias pueden durar toda la vida. Eso sí: igual que pueden aparecer de repente, a cualquier edad, pueden desaparecer sin explicación ninguna.
Aparición y síntomas: las razones por las que surgen pueden ser de todo tipo, pero cada vez está más admitido entre la comunidad médica que hay cierta predisposición hereditaria que hace que algunos individuos tengan tendencia a desarrollarlas. A diferencia de las intolerancias, las alergias sí provocan síntomas graves para la salud, incluso pueden llevar a la muerte como consecuencia de un shock anafiláctico.

Tipos: hay determinadas alergias que aparecen por simple contacto con el alimento (con la piel del melocotón sucede mucho) o por haber tomados alimentos contaminados por sustancias distintas que hacen n hecho que el sistema inmunológico los rechace por completo. Es el caso de la ingesta de pescados con el parásito anisakis o de ostras tóxicas. En todo caso, una vez que se tiene alergia a determinado parásito, bacteria o proteína, se puede tener alergia al resto de productos que los contengan o relacionados. Un ejemplo claro es el del polen: los que padecen la llamada "fiebre del heno" también tienen alergia a alimentos relacionados con unas proteínas llamadas profilinas y LTP. Estas están en las almendras, las nueces, las avellanas, la pera, las fresas, las manzanas o el melocotón.

Detección y tratamiento: para detectarlas se suele utilizar el método de identificación mediante test Prick (cutáneo) o el llamado test de Prick-Prick la hinchazón (también cutáneo) con el alimento en fresco. Una vez que se sepa cuál es el alimento o grupos de alimentos que provocan la alergia será suficiente con eliminarlos de la dieta. Mientras, el tratamiento suele conllevar la toma de antihistamínicos, o corticoides o adrenalina en los casos más graves.
Intolerancias alimentarias

Cuando determinado alimento no puede ser metabolizado correctamente por el organismo, estamos ante una intolerancia. Las intolerancias alimentarias son cada vez más frecuentes en la civilización occidental, lo que ha suscitado muchas teorías sobre su crecimiento: desde que estamos hiperprotegidos farmacológicamente y no desarrollamos las suficientes herramientas inmunológicas, hasta que los alimentos cada vez están más contaminados con tanto plaguicida y aditivo. Todo tiene que ver. Las más habituales son la celiaquía (al gluten del trigo, cebada y centeno), a la lactosa (azúcar proteína de la leche) y, muy especialmente, a determinados aditivos que aparecen constantemente en productos procesados o precocinados, como el glutamato monosódico (frecuente en restaurantes con comida china). La celiaquía (al gluten del trigo, cebada y centeno), aunque se podría considerar como una intolerancia, interviene un mecanismo inmunológico, pero no del tipo IgE. En muchas ocasiones, estas intolerancias afectan al peso y a hinchazón abdominal, con lo que, una vez detectadas y evitadas, pierden o ganan peso según los casos.

Aparición y síntomas: los síntomas de la intolerancia más frecuente son vómitos, malestar digestivo, diarreas, dolor de cabeza... Pero no son casi nunca tan graves como los suscitados por una alergia y eso hace que durante mucho tiempo puedan no ser detectadas por el individuo, que no termina de asociar su malestar con su dieta.
Tipos: como se ha dicho, no aparece aquí una respuesta autoinmunológica, como sí sucede en el caso de sufrir una alergia (salvo en el caso de la celiaquía, que es una intolerancia al gluten algo especial). La intolerancia suele ser de causa metabólica (déficit de enzimas involucradas en el metabolismo de algún alimento), pero también las hay por motivos farmacológicos (a la cafeína, por ejemplo) o por motivos "indeterminados", que son los relacionados con el abuso de algunos aditivos.

Detección y tratamiento: existen en el mercado numerosos test sanguíneos de detección de intolerancias, entre los que destacan desde hace años el Alcat. Se basan en reproducir en el laboratorio la respuesta de las células sanguíneas analizadas frente a los alimentos más habituales de la dieta, así como de determinados aditivos. El resultado categoriza los alimentos en varios niveles, desde los "no tolerados" hasta los "tolerados", pasando por los "medianamente tolerados". Aunque este tipo de test no están del todo consensuados, algunos pacientes dicen mejorar evitando los "no tolerados". Aunque la dieta sería teóricamente el tratamiento a seguir, es importante consultar con un especialista para su valoración.