Carolina Pérez Rios

Carolina Pérez Rios

publicado en Psicología

2 de Marzo de 2017317 lecturasConocer más sobre el autor

Cómo detectar una relación tóxica y alejarse de ella

Muchos de nosotros y nosotras hemos sido testigos o hemos estado involucrados en las llamadas “relaciones tóxicas”. Donde mayormente se presenta esta dinámica es en las relaciones sentimentales, ya sea en el pololeo, pareja, convivencia o matrimonio. Una característica común es que se basan en los celos, que puede ser de uno o ambas partes, y se caracteriza por: el control, la necesidad de saber dónde está el otro o la otra a cada minuto, sentirse amenazada o amenazado por quien se acerca a su pareja (incluso la familia) y la necesidad de “moldear” a su pareja según lo que considera correcto.

¿Cuándo debo preocuparme?

Una relación toxica es por definición “preocupante”. ¿Por qué? Nos provocan sentimientos ambiguos o ambivalentes, ya que por un lado nos sentimos enamorados o enamoradas de esa persona, pero a la vez nos generan emociones negativas: rabia, nos sentimos menoscabados, amargados, irritables. En consecuencia, andamos tensos o estresados, lo que no nos permite concentrarnos en nuestras tareas diarias, e incluso podríamos sufrir de ansiedad o algún trastorno del ánimo. Muchas veces nuestros amigos o familiares se percatan de aquello, aconsejándonos que nos alejemos de esa relación, pero muchas veces ya estamos metidos círculo de dependencia emocional.

Lo anterior, se caracteriza porque, ya sea el hombre o la mujer se siente amenazada por el entorno de su pareja (trabajo, familia, amigos y, más aun si son desconocidos). Es aquí donde aparecen los llamados “fantasmas” que se proyectan en la relación. Estos surgen de enseñanzas o modelos vividos durante la infancia o adolescencia (por ejemplo violencia ejercida del padre hacia la madre), educación machista o patriarcal (la mujer le debe sumisión y obediencia al hombre), y que generalmente finalizan en episodios de violencia física (golpes, zamarreos, empujones) o psicológica (insultos, descalificaciones).

Para poder “librarnos” de una relación toxica, debemos despejar algunos mitos:

“Mi pareja va a cambiar”.

“Esto en realidad no me afecta, porque lo puedo manejar”.

“Quizás yo hago algo para que se enoje”.

“Es celoso porque me demuestra cariño”.

En primer término, nadie tiene la facultad o poder para que la pareja u otra persona cambie, eso es determinación o voluntad de cada cual, y para tal caso es uno quien debe cambiar, y comprender que las relaciones sanas, se basan en la mutua confianza y respeto; en segundo término el autoconvencimiento de que hay relaciones que “son así” y que por amor uno puede aguantarlas “estoicamente”, (como si fuésemos de acero), pero cuyo resultado es un profundo menoscabo a nuestro amor propio y autoestima. Por ello, muchas veces nos sentimos “culpables” de las reacciones violentas o agresivas del otro, quien muchas veces convence a la víctima que es culpable. Eso es parte del circulo vicioso de las relaciones toxicas. Y por último, quien ama no cela, ya que ello provoca una intensa reacción emocional que se percibe como un profundo malestar psicológico. Vemos amenazas y enemigos donde no los hay.

¿Cómo salir de una relación toxica?

Primero reconociendo que el amor de pareja no se basa en el maltrato y desconfianza, y que tampoco el o la otra es responsable de mis reacciones. Dicho de otro modo, tomar conciencia que este es un círculo dañino del que podemos salir, para lo que se requiere valentía y seguridad. Preguntarme: ¿cómo quiero ser tratado, que tipo de relación quisiera tener?

Segundo, decir no al miedo: las relaciones toxicas se basan en la violencia y en el control del otro, lo que paraliza toda posibilidad de salir de esta, sin contar el nivel de manipulación que el otro u otra ejerce (incluso llegando a amenazar con matarse si lo abandona). Este punto no es fácil, para lo cual se requiere apoyo de la red familiar y de amigos y en mucha ocasiones de apoyo psicológico. En este sentido nunca hay que callarse y siempre pedir ayuda.

Finalmente, cuando logras salir de una relación tóxica, te das cuenta que vivías en torno a esa persona y sus necesidades y no te dabas tiempo para mirarte tú y tus sueños y anhelos. Por lo tanto, la consigna es: amarse primero uno, para poder amar a otros.