Dr. Emilio Juárez Escalona

Dr. Emilio Juárez Escalona

publicado en Oftalmología

26 de Diciembre de 20111552 lecturasConocer más sobre el autor

Cómo frenar la degeneración macular

La degeneración macular asociada a la edad es una patología que consiste en el deterioro de la mácula, la capa amarillenta de tejido más sensible a la luz de la retina. Esta se encuentra en la parte posterior del ojo y su misión es el mantenimiento de la agudeza visual de las personas, permitiéndoles captar los detalles más pequeños.

El fallo de la mácula origina una pérdida de nitidez en la imagen que percibe nuestra vista. Es una enfermedad que carece de cura y que afecta prácticamente al 20% de la población mayor de cincuenta años. Si bien no conduce a la ceguera, sí inhabilita a quien la padece, limitando sus funciones.

Es una enfermedad asociada a la edad en muchos casos, aunque el tabaquismo, el alto colesterol en sangre y los antecedentes familiares del problema también son factores influyentes. La degeneración macular provoca una pérdida visual en la zona central de la vista, percibiéndose solo los bordes de la imagen que enfocamos. Dado que la población está experimentando un envejecimiento progresivo, cabe suponer que el número de afectados se triplicará en el transcurso de los próximos veinticinco años.

El origen de la patología es desconocido aunque, en los últimos tiempos, investigadores en este campo apuntan a una posible mutación del gen H, ya que, las personas que sufren esta mutación poseen menos capacidad para controlar una inflamación emanada de una infección, pudiendo ser este el desencadenante de la enfermedad.

La sintomatología de la degeneración macular es diferente en cada paciente. Puede ser casi imperceptible si se produce en un solo ojo, permaneciendo el otro sano. Una rápida pérdida visual en la zona central de la vista suele ser un indicio de la enfermedad. Con carácter general, ver líneas rectas distorsionadas, palabras borrosas, tener problemas para dar detalles de la imagen o percibir áreas oscuras o vacías en el centro de la imagen, suelen indicar la presencia de esta patología.

Su diagnosis, en cualquier caso, se determina con fiabilidad mediante el sencillo método de la rejilla de Amsler. Esta es una simple cuadrícula que el especialista hace observar al paciente. Si este último comienza a percibir manchas o siente que su visión se deforma o se torna borrosa en el centro, la enfermedad queda certificada. Pueden utilizarse otros métodos de diagnóstico, como la angiografía fluoresceínica, la angiografía con verde de indocianina o la Tomografía de Coherencia Óptica (OCT).

La degeneración macular puede revestir dos formas distintas. Está la de carácter seco o atrófico, que es la más frecuente y que consiste en la acumulación de drusas, depósitos amarillentos en la mácula. Suele ser una degeneración más lenta y progresiva. Aparte está la degeneración macular húmeda o exudativa, que solo aparece en un 15% de los casos y que es mucho más agresiva. Se caracteriza por la formación de vasos sanguíneos anormales en la parte posterior del ojo que, cuando sufren pérdida de líquido, alteran la visión de la retina.

El tratamiento de la enfermedad, hasta hace poco tiempo, resultaba ineficaz en pacientes con la versión húmeda de la enfermedad. El uso del láser, además de la destrucción de los vasos sanguíneos anómalos, dañaba también la retina de manera seria. La terapia fotodinámica ha resuelto este problema, ya que permite atacar los capilares de manera selectiva sin que se produzca afectación del resto de la mácula. Se trata de un tratamiento poco agresivo para la retina, consistente en la inyección de un fármaco fotosensible en el brazo. Este se activa al ser iluminada la retina, sellando los vasos sanguíneos que presentan pérdida líquida. Ha de realizarse cada tres o cuatro meses y el paciente, tras ser inyectado, debe permanecer dos días alejado de la luz.

En principio se consideró que esta terapia solo debía aplicarse a pacientes con degeneración macular húmeda que presentaran lesiones de tipo clásico, siendo desaconsejable en aquellos cuyas lesiones fueran de tipo oculto o mixto. Ahora ha quedado demostrado que mejora también a largo plazo la visión de quienes poseen lesiones de tipo oculto.

En la actualidad se dispone también de unos fármacos llamados antiangiogénicos que, inyectados en la cavidad vítrea, se unen al factor de crecimiento del endotelio vascular, consiguiendo estabilizar, e incluso mejorar, la agudeza visual de una pequeña cantidad de pacientes.