Doña Henar de Frutos Gamero

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publicado en Fisioterapia

20 de Julio de 2016895 lecturasConocer más sobre el autor

Dolor lumbar: causas, tratamiento y prevención

El dolor lumbar es el dolor que se produce en la parte baja de la espalda, aproximadamente a la altura de la cintura. La lumbalgia es muy habitual, aproximadamente el 80% de los adultos la padecen en algún momento, suponiendo un motivo habitual de absentismo laboral. No afecta especialmente a ningún sexo y puede ser muy diferente de un caso a otro, desde leve a muy agudo e incapacitante, puede ir evolucionando o aparecer repentinamente, y las causas pueden ser muy diferentes y diversas.

La lumbalgia, como cualquier otro dolor, muchas veces se pasa por sí sola en unos pocos días, simplemente con unos pequeños cuidados y el tiempo. Aunque no siempre es así. Cuando el dolor lumbar dura más de 12 semanas se dice que se trata de un dolor lumbar crónico. Cuanto más dura el dolor, normalmente, de mayor gravedad son sus causas y más difícil su tratamiento.

Las causas pueden ser muy diversas, algunas de las más habituales son: sobrecargas musculares bien por esfuerzos o por malas posturas o movimientos repetitivos, por desgaste (del disco que hace almohadilla entre las vértebras de la zona), por una hernia discal, por pinzamiento de las raíces nerviosas de la zona (esto se produce por compresión, inflamación…), por un traumatismo, por alguna lesión ósea (escoliosis, exceso de curvatura en la zona…)… Inclusive podemos encontrar dolor lumbar como consecuencia de otro tipo de afecciones más graves y raras, y por tanto menos habituales, como sería por una infección, un tumor, piedras en el riñón, osteoporosis, fibromialgia...

Una vez que la persona detecta el dolor en la zona lumbar podemos realizar diferentes valoraciones y pruebas para determinar la causa y en consecuencia cuál es el mejor tratamiento. Lo primero es acudir al médico si tras 4 o 5 días no ha desaparecido o mermado mucho el dolor. El médico nos realizará un examen físico para observar las limitaciones de movimiento, revisar la historia y observar la zona. Si con esto no fuera necesario solicitará pruebas complementarias como una radiografía, y de considerarlo necesario un TAC o una resonancia magnética.

La forma más habitual de tratar una lumbalgia es mediante termoterapia (frío si hay inflamación y edema, calor en el resto de casos), reposo relativo (realizar estiramientos y evitar movimientos que empeoren el dolor), fortalecimiento de la zona (una vez hayan pasado unos 3 días desde el inicio del dolor, y evidentemente introduciéndolos de forma progresiva), fisioterapia (dentro de esta disciplina habrá diferentes técnicas a utilizar en función de cada caso) y medicación (analgésicos y antiinflamatorios principalmente). También es bastante eficaz la aplicación de acupuntura. En los casos más graves en los que los tratamientos más convencionales no sean posibles habrá que recurrir a tratamientos invasivos, es decir, a la cirugía.

Como con cualquier otra lesión, lo mejor es evitar su aparición, es decir, la prevención. En el caso del dolor lumbar, podremos prevenirlo evitando movimientos bruscos, malas posturas y sobreesfuerzos. Además en caso de ir a realizar alguna actividad potencialmente peligrosa para la zona, podemos recurrir a la utilización de fajas. Y por supuesto, realizar ejercicios o deportes que mantengan la zona con una buena movilidad y fuerte, como puede ser caminar ligero, andar en bicicleta o nadar. Ademas hay otras disciplinas actualmente en auge como pueden ser el yoga o el pilates que pueden ayudar en gran medida.

Como norma general se recomienda realizar estiramientos antes y después de realizar ejercicio, evitar malas posturas como sería encorvarse, utilizar sillas con soporte lumbar, colocar las cosas a la altura adecuada, usar zapatos adecuados, al dormir boca arriba colocar una almohada bajo las rodillas y evitar dormir boca abajo, tener una buena dieta…

Habrá factores que favorecen la aparición del dolor lumbar, como son la edad (más habitual entre los 30 y 50 años y al envejecer), el estado físico (si no realizamos ejercicio la musculatura estará mas debilitada y será más fácil sufrir lesiones), el embarazo (por los cambios en la pelvis y el aumento de peso), el aumento de peso, algunos trabajos, factores psicológicos (ansiedad, depresión…) e incluso la predisposición genética (a sufrir de determinadas alteraciones en la columna).