Ione Bretaña Alberdi

Ione Bretaña Alberdi

publicado en Psicología

19 de Abril de 2016792 lecturasConocer más sobre el autor

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) según el DSM-5 se define como un patrón persistente de inatención o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo del individuo. Es un trastorno prevalente, que afecta predominantemente a niños y adolescentes, pero que también puede prolongarse a la vida adulta con graves repercusiones en todos los grupos.

Está asociado a discapacidad en diversas áreas del desarrollo, afectando el desempeño académico-laboral, el funcionamiento y adaptación social y a dificultades emocionales. Por otro lado el TDAH presenta una alta comorbilidad con desórdenes disruptivos de conducta, trastornos de ansiedad, desórdenes del ánimo y problemas de aprendizaje, y hacia la adolescencia y adultez se asocia con uso de sustancias, comportamiento antisocial y accidentes de tránsito.

Prevalencia del TDAH

El TDAH es una condición transcultural, cuya prevalencia según el DSM-5 se ha estimado entre 4-12% en población en etapa escolar de 6 a 18 años, los síntomas suelen persistir en la vida adulta hasta en el 50% de los casos.

Criterios para el diagnostico del TDAH (DSM-5)

Los principales criterios para el diagnóstico del TDAH son presentar un patrón persistente de inatención o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo. Por lo menos son necesarios 6 o más síntomas de inatención, como por ejemplo, la dificultad para mantener la atención y cometer errores por descuidos en las tareas escolares. Tienen dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas o incluso parece que no escuchan cuando se les habla directamente.

En cuanto al síntoma de hiperactividad/impulsividad, también son necesarios por lo menos 6 síntomas, los cuales pueden ser, retorcerse en el asiento o juguetear con frecuencia con las manos o los pies, levantarse en situaciones en las que se espera que permanezca sentado, correr en situaciones inapropiadas, no guardar el turno, hablar excesivamente….

Algunos de estos síntomas de inatención o hiperactividad-impulsividad deben haber estado presentes antes de los 12 años; criterio que se ha modificado desde el anterior manual de DSM-4-TR, ya que se marcaba una edad de inicio de 7 años. Dichos síntomas deben aparecer en varios contextos, como por ejemplo el colegio y la casa.

En función de la sintomatología que presente el niño se puede clasificar en tres grupos: presentación combinada, presenta tanto inatención como síntomas de hiperactividad e impulsividad; presentación predominante con falta de atención: el síntoma más relevante es la falta de atención y presentación predominante hiperactiva/impulsiva, cuando la sintomatología más característica es la impulsividad e hiperactividad.

El TDAH es un trastorno que comienza a debutar a edades muy tempranas. Presenta alta comorbilidad con otros problemas que abarcan áreas como el desarrollo motor, la cognición, resultados académicos, problemas de salud y riesgos de salud (Barkley, 2006; Herrera, Quintero y García, 2009; Parellada, 2009), pudiendo llevar a realizar falsos diagnósticos. Es muy importante evaluar adecuadamente al niño/a desde que empieza a presentar la sintomatología. Es necesaria la colaboración de padres y profesores, además del propio niño/a para obtener mayor información posible además de una evaluación interdisciplinar compuesto por pruebas neuropsicológicas.

Con el nuevo manual del DSM-5 se da por primera vez la opción de poder diagnosticar a adultos. Hasta ahora el TDAH era solo un trastorno diagnosticable en niños/as aunque se tuviera conocimiento que el curso de dicho problema se mantenía hasta la edad adulta en más de la mitad de los casos.

Tratamiento del TDAH

En la actualidad, aunque la mayoría de los casos se traten a través de fármacos hay muchos otros tratamientos igual de eficaces y con mayor duración a largo plazo. Existe un consenso generalizado de que los psicofármacos no “curan” el TDAH y deben ser utilizados en conjunción con tratamiento psicológico. El tratamiento más eficaz sería una combinación de tratamiento farmacológico además de psicológico y educacional.