Dra. Susana Fuster Martínez

Dra. Susana Fuster Martínez

publicado en Odontología y estomatología

13 de Marzo de 201719 lecturasConocer más sobre el autor

Incrustaciones dentales: una solución estética

Una incrustación es una restauración más o menos rígida realizada en el laboratorio dental, expresamente para un diente que previamente ha sido preparado por un odontólogo. Una vez preparado el diente se toman los registros oportunos para poder realizar la rehabilitación fuera de la boca, que unos días más tarde será cementada al diente que lo necesite.

¿Qué tipos de incrustaciones existen?

Según la extensión de la incrustación se dividen en: inlay, onlay y overlay. Cada diente necesitará rehabilitar más o menos superficie dental y en función a eso se realizará un tipo de preparación. Si solamente tratamos la parte central del molar, es decir dónde están los surcos, se tratará de un inlay. Si debemos extendernos hasta el borde de las cúspides molares por la parte interna, se tratará de un onlay. Si la restauración debe rehabilitar alguna cúspide completamente, lo llamaremos overlay.

Según el tipo de material también podemos clasificar las incrustaciones. Hoy día existen un gran abanico de posibilidades entre las que elegir en función de la boca de cada paciente y sobre todo según "contra" que diente mastica el que vamos a tratar, es decir si mastica contra un diente natural, un diente de porcelana, un diente de resina o un implante. Así, según la "dureza" que necesitemos en nuestro nuevo trabajo buscaremos entre materiales cerámicos o materiales resinosos. Ambos incorporan sistemas de "maquillaje" con los cuales podemos dotar de una estética impecable nuestro diente.

¿Cómo se colocan?

Siempre se mantendrán en el diente mediante un sistema adhesivo. El diente se trata con ácido ortofosfórico al 37% para aumentar su capacidad adhesiva, a continuación aplicamos una capa de adhesivo que polimerizaremos con lámpara LED, y a continuación se pondrá nuestra incrustación ya tratada incorporando un cemento resinoso.

¿Dura para toda la vida?

Una incrustación es un trabajo de máxima resistencia puesto en boca, ya que se trabaja en laboratorio y así se permiten utilizar técnicas sobre el material que no se pueden aplicar directamente en la boca.

Para intentar que dure toda la vida, será imprescindible llevar un control como mínimo anual del estado general de la boca y sobre todo de su forma de morder, llevando a cabo, si es necesario ajustes en la oclusión o rehabilitar otras zonas de la boca, con tal de que sobre la incrustación las fuerzas que recaigan sean las previstas y no un exceso de carga.

Una adecuada higiene es imprescindible para evitar acumulaciones de placa que podrían generar caries en el diente con incrustación y entonces perder el soporte de la misma. En este caso la incrustación no se suele romper, pero sí se desajusta.