Doña Isabel Imbernón Barreiro

Doña Isabel Imbernón Barreiro

publicado en Psicología

16 de Marzo de 2017294 lecturasConocer más sobre el autor

Las 3 frases que dices a tu hijo sin saber cómo le perjudican

Cuando un adulto habla a un niño está siendo una referencia para él, el niño está construyendo la imagen que tiene de sí mismo y lo que dicen sus padres son verdades absolutas. Cualquier cosa que le digan puede afectar de manera importante a su autoestima. Si se le habla de forma positiva, el desarrollo personal será adecuado y se reforzará su confianza, la seguridad en sí mismo y se forjará una personalidad fuerte y sin miedos. En el caso contrario, las inseguridades, los miedos y las creencias en la propia incompetencia pueden hacer surgir una personalidad débil con incapacidad para tomar decisiones o enfrentarse a los problemas que se le presenten durante su vida.

Estas frases influyen de forma negativa en un niño.

"Eres un... (desordenado, cochino, vago, inútil, malo...)".

Con este tipo de frases el niño se puede convencer de que realmente lo es. Las consecuencias pueden ser nefastas para su autoestima y se pueden convertir en creencias limitantes a la hora de tener que superar retos o enfrentarse a los obstáculos que se le presenten en la vida.

Lo mejor en estos casos es cambiar el verbo "ser", que indica un rasgo de la personalidad, por el verbo "estar" o "hacer", que es un estado transitorio. Por ejemplo: "Esto está desordenado" en lugar de "eres un desordenado", y explicarle por qué es necesario ordenar, limpiar o trabajar y qué beneficios le ocasionará actuar así.

De la misma forma, cuando a un niño se le dice que es malo, se crea en él la asociación errónea de algún acto inocuo con la maldad y esto se generalizará a otros actos similares. El niño puede creer que es malo y al tratar de evitarlo intentará complacer a todo el mundo, o desarrollar incluso un complejo de culpabilidad que le afectará durante años. Es más recomendable, en estos casos, decirle que lo que hizo no estuvo bien y explicarle el porqué y las consecuencias de sus actos, en lugar de sentenciar que es malo.

"Nunca vas a llegar a ser nada ni nadie".

Esta frase o comparar al niño con otras personas está muy unido al punto anterior. Esto puede hacer que el niño se sienta carente de capacidad o de habilidades para llevar a cabo lo que de él se espera, por ejemplo en los estudios. Y compararlo con sus amistades insinuando que él "lo hace peor" o que tiene que "ser como..." le hará sentirse inútil y le creará sentimientos de impotencia, inferioridad y frustración o incluso de rabia, que culminarán en falta de motivación, que es lo contrario a lo que necesita una persona en la etapa del aprendizaje. Este tipo de frases son demoledoras para forjar una personalidad fuerte.

Una forma más adecuada de hablarle a nuestro hijo es evitar las comparaciones con los demás y mostrarle cuáles son sus fortalezas, reforzar positivamente las cosas que hace bien y cuando lo haga mal enseñarle que puede mejorarlo.

"No molestes" o "Me tienes harta/o".

Con este tipo de frases el niño no se siente valorado, piensa que no es una parte importante de la familia y que no tiene nada que aportar o que no se le tiene en cuenta. Esto puede hacer que se sienta como alguien insignificante, manteniendo la creencia de que no es digno de que se valoren sus opiniones y de que lo que hace o su simple presencia molesta a los demás.

Así se crean en él sentimientos de inseguridad, soledad e indefensión, que pueden repercutir en otras facetas de su vida (miedo a participar en clase, dificultad para socializar, incapacidad de expresar sus sentimientos, problemas...). Lo correcto sería compartir tiempo con él, escucharle cuando hable y hacer que sienta que él también es alguien significativo en la familia y que lo que tiene que decir es importante.