Pamela del Carmen Reuse Vargas

Pamela del Carmen Reuse Vargas

publicado en Psicología

17 de Abril de 2017133 lecturasConocer más sobre el autor

Qué hacer ante el acoso escolar

La violencia escolar es un tema que actualmente ha tomado un importante revuelo en nuestro país y en el mundo. El cómo nos enfrentamos a la posibilidad de que nuestros hijos e hijas sean víctimas es esencial. Nos preguntamos entonces: ¿cómo podemos prevenir que el acoso escolar se instale? ¿Cómo mi hijo o hija puede evitar ser víctima?

Se torna relevante darle importancia a los estilos de comunicación que vamos construyendo entre padres e hijos/as. Desde que los hijo/as son pequeños, debemos ser capaces de generar espacios de confianza y seguridad, que permitan al niño/a expresar sus propias necesidades, sus miedos y problemas.

Hay que considerar que por lo general, los niños y niñas tienden a no contar cuando están siendo molestados o intimidados, porque se sienten avergonzados o por temor a que puedan venir represalias por parte de quienes los molestan. Aquí es donde se hace fundamental contar con una base sólida de comunicación, que le permita al niño/a decirles a los adultos lo que les va pasando.

Además debemos enseñarles desde pequeños/as a ser asertivos, a que aprendan a comunicarse con otros niños/as, dar sus propias opiniones, decir que no cuando algo no les gusta o no les parece, a mantener un equilibrio entre sus gustos, y el ser capaces de ceder frente a requerimientos de otros. Es importante fomentar este equilibrio entre hacer lo que quiero y lo que los demás también quieren: implica enseñar a nuestros hijos e hijas a negociar, fomentando la seguridad en sí mismos, aprendiendo a no hacer las cosas que no quiero por el sólo hecho de encajar en un grupo, sino que porque están acordes con mis gustos o porque hemos llegado a acuerdos conjuntos.

Cabe señalar que es muy importante distinguir entre una simple pelea o conflicto de lo que realmente es violencia escolar. Denominaremos bullying al acoso permanente y sistemático en el tiempo.

Si ya el problema está instalado, entonces, ¿debo interceder? ¿De qué manera?

Lo primero y más importante es evaluar la gravedad del conflicto: es muy diferente que en una situación puntual molesten a mi hijo, a que esté sufriendo acoso escolar.

En una primera instancia no es recomendable que los padres se involucren directamente en el conflicto, éste debiera ser el último recurso.

Primero debemos dar la oportunidad a los niños y niñas a que puedan resolver (especialmente si se trata de situaciones puntuales). Les estaremos dando empoderamiento y seguridad de que ellos mismos pueden resolver sus conflictos. Si nos involucramos apresuradamente, les quitamos grados de eficacia, el sentimiento de que ellos mismos pueden arreglarlo.

Los primeros conflictos que los niño/as tienen son vitales, ya que les brindan las primeras pautas para lidiar con dificultades y con otros sujetos en las relaciones sociales.

Si el conflicto se mantiene en el tiempo y se hace sistemático, o los padres se enteran cuando el acoso ya está instalado, entonces la acción inicial debiera ser acceder al equipo docente y profesional del establecimiento educativo, que debiera tener protocolos instalados para tratar con el alumnado estas graves problemáticas y puedan tomar las medidas correspondientes.

Cabe destacar que lo más importante es la prevención desde la crianza que les damos a nuestros hijos: la importancia de conversar sobre lo que es la discriminación, la violencia, la multiculturalidad y diferencia de etnias, clases y religión. Lo esencial aquí es que los niños y niñas aprendan la tolerancia a las diferencias. También es vital enseñarles a que si son testigos de actos discriminatorios o violentos sean capaces de solidarizar con la víctima: el testigo es esencial en este tipo de fenómenos, porque muchas veces permite desarmarlo, y que el acoso escolar no se produzca o se mantenga en el tiempo.

También será muy importante incorporar a nuestros hijos e hijas a otros espacios sociales (grupos fuera de la escuela), que les permitan acceder a otras actividades diferentes a las del establecimiento educativo, además de permitirles ser conocidos por otros niños y niñas, sin las ideas preconcebidas e instaladas del espacio escolar al que ya pertenecen. Todo ello les permitirá vivir espacios diferentes de interacción y grupos humanos, el poder adquirir sus propios gustos, opiniones y crear autonomía.